28 septiembre 2012

Carta Semanal del Arzobispo de Oviedo | Ecclesia Digital

De Ecclesia Digital , por Ecclesia



Comienza un nuevo curso en nuestro Seminario de Oviedo. Una de las oraciones que invito a rezar frecuentemente cuando voy por las parroquias de la Diócesis, es precisamente la de pedir al Señor que nos bendiga con vocaciones sacerdotales. No se trata de un reclutamiento al uso, sino una petición humilde y confiada que hacemos a Dios para que podamos seguir atendiendo a su Pueblo, con pastores según su Corazón.



A la vuelta del verano, también los seminaristas que se forman en nuestro Seminario, regresan a las aulas y a la comunidad en donde son formados de modo integral. No son simplemente estudiantes de filosofía o de teología, sino candidatos al sacerdocio. Siendo importante el elemento académico y doctrinal, no es el único a tener en cuenta. La persona humana tiene libertad, tiene corazón, es un nudo de relaciones y un sueño de proyectos, tiene un alma abierta al Misterio transcendente de Dios y unos brazos también abiertos a los hermanos. Por eso llamamos “integral” la formación que deseamos impartir a nuestros seminaristas, justamente como lo pide la Iglesia. Para que no quede ningún aspecto o factor de los que constituyen la rica personalidad de cada candidato, sin acompañar debidamente.


Hace unas semanas despedíamos cristianamente al joven sacerdote D. Santiago Lorido, fallecido tan prematuramente por un infarto de corazón fulminante, tres meses después de su ordenación. Le pedíamos al Señor que nos bendijera con vocaciones: las que ya hemos recibido para que las fortaleciese, y las que estaban llegando, para que no cesen de llamar a la puerta de nuestro Seminario.


El Señor ha escuchado nuestras plegarias y, como decíamos al despedir a Santiago, no le han pasado desapercibidas nuestras lágrimas. Seis nuevos seminaristas ingresan en el Seminario Metropolitano de Oviedo. Un regalo sorprendente e inmerecido por el que no dejamos de dar gracias al Buen Dios. Pero junto a estos nuevos hermanos, están los ocho jóvenes del Seminario Misionero Diocesano “Redemptoris Mater” que abrimos también este año. Toda una gracia que nos llena de asombro agradecido, y que nos permite mirar a la Diócesis y a la Iglesia universal con una esperanza fundada en la generosidad del Señor. Mi reconocimiento más agradecido a formadores y profesores.


Hemos de rezar por todos ellos, ayudarles con nuestra oración, brindarles nuestra acogida y afecto, colaborar también con nuestra ayuda económica. Los seminaristas que ya teníamos el año pasado son un excelente grupo y cada uno de ellos representa una bendición única con nombre y con edad. Los que llegan nuevos este año son igualmente un don del cielo que hemos de saber acompañar con la ayuda de Dios, de nuestra Madre la Santina y de todos nuestros Santos.


Una Diócesis, un presbiterio, tienen en el Seminario uno de sus termómetros más certeros.


Cuando una comunidad cristiana se hace responsable del Seminario de su Diócesis con el afecto, la ayuda espiritual, la colaboración material, ha entendido lo que nos jugamos en esto. Cuando un sacerdote con su propia vida entregada, testimonia con alegría e ilusión su amor a Dios, a la Iglesia y a las personas que le han sido confiadas, está haciendo la mejor promoción vocacional.


Demos gracias por todo ello, y que cada parroquia, cada comunidad religiosa, cada sacerdote, sintamos como nuestro el Seminario para gloria de Dios y bien de las almas. Señor, danos pastores según tu Corazón, que tengan su oído atento a tu Palabra y sus brazos abiertos a la necesidad de los


hermanos.


+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm


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