01 mayo 2013

Carta del obispo de Jaén, Ramón del Hoyo, sobre el mes de mayo, el mes de María | Ecclesia Digital

De Ecclesia Digital , por Editor



Carta del obispo de Jaén, Ramón del Hoyo, sobre el mes de mayo, el mes de María



Queridos fieles diocesanos:


1. Sé muy bien que no es necesario recordaros la especial dedicación del mes de Mayo a nuestra Madre del cielo. El pueblo cristiano lo llama “mes de María”, “mes de las flores”, en su honor.


A través de esta Carta quiero invitaros a vivir esta devoción en vuestras familias, en las comunidades parroquiales y de forma individual. Hemos de invitar también y transmitir esta devoción a los niños y adolescentes, con nuevas formas en muchos casos, dado que va desapareciendo esta entrañable devoción en más de un Colegio y cada vez son menos los que acuden a la Iglesia parroquial. Nueva evangelización.


Los cristianos de edad sabemos, por experiencia, que el amor y la devoción a la Santísima Virgen nos acercan a Jesucristo, Único Salvador. Todo el pueblo cristiano sabe muy bien que María, la Virgen de Nazaret, obtiene de su Hijo abundantes ayudas y gracias divinas a favor de sus hijos. Para confirmarlo bastaría hacer una lista, o detenernos a pensar, en las invocaciones y fiestas que engalanan y coronan a esta Iglesia mariana del Santo Reino de Jaén desde sus Catedrales hasta sus santuarios y ermitas en la geografía diocesana.


2. Durante este tiempo litúrgico vivimos, junto a María Santísima, las importantes festividades de la Ascensión del Señor, de Pentecostés, de la Santísima Trinidad y el día del Corpus Christi.


En tan importantes acontecimientos de la historia de nuestra salvación aparece la Virgen María estrechamente unida a la primera comunidad cristiana que comenzaba a caminar en Jerusalén.


Si, hasta entonces, ella había acogido a su Hijo, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, a partir de su muerte y resurrección tendría la misión de acoger y cuidar a su Iglesia, con la nueva intervención del Espíritu Santo en Pentecostés.


La presencia de la Santísima Virgen en la Iglesia, escribe el teólogo suizo Hans Urs von Balthasar, constituye el factum de la unidad entre todas las dimensiones eclesiales y le da a la Iglesia un perfil profundamente mariano1. Si la escena del Apóstol San Juan y María, junto con las tres mujeres al pie de la cruz, podríamos decir que es el documento de fundación de la Iglesia, en Pentecostés. María, se convierte en el centro y punto focal de la Iglesia, iluminada por el Espíritu Santo.


3. Os invito a pensar en el alcance de estas verdades en el Año de la Fe.


Cuando el Papa emérito, Benedicto XVI, era Cardenal, escribió: “La comprensión mariana de la Iglesia es el contraste más fuerte y decisivo a un concepto de Iglesia puramente organizativo o burocrático. No podemos hacer la Iglesia, sino ser Iglesia… Sólo siendo marianos somos Iglesia. En los orígenes, la Iglesia… nació cuando el ‘fiat’ brotó en el alma de María”2.


En este sentido, profundizar en nuestra devoción mariana no implica únicamente renovar la devoción a María sino, sobre todo, encontrar nuestro verdadero ser de miembros unidos a Jesucristo en su Iglesia.


De la verdadera fe brota, además, la confianza en el Señor. Ya el ángel de la Anunciación le dijo a María: “No temas” (cf. Lc. 1, 29). También los discípulos de Jesús pudieron oírle, muchas veces, estas mismas palabras: “No temáis”, “No tengáis miedo”.


Al inicio del mes de mayo también nos dice Jesús Resucitado a cada uno de nosotros: “Mira a tu Madre y no temas”, “Ten plena confianza en ella”.


4. Bien podríamos hacer el compromiso, durante este mes, de peregrinar a un santuario mariano, como expresión de fe y de amor a la Santísima Virgen que nos mostrará a su Hijo.


Ánimo, sobre todo a los sacerdotes, a organizar y encabezar estas iniciativas en las familias cristianas y sus comunidades, como viene haciéndose realidad, año tras año, en no pocos lugares de esta Iglesia. No dejemos pasar ocasión tan propicia, en este año de la fe, para alcanzar la Indulgencia y gracias que el Señor nos tendrá preparadas para cada uno de nosotros.


Procuremos enmarcar los ejercicios piadosos marianos en el tiempo litúrgico que estamos celebrando. Actualicemos, asimismo, con esta ocasión, las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre la verdadera devoción a favor de la Santísima Virgen María3, y en el Catecismo de la Iglesia Católica4. ¡Venid y vamos todos…!


Con mi saludo en el Señor.


+ Ramón del Hoyo López


Obispo de Jaén


1 Citado por B. Leahy, El principio mariano en la eclesiología de Hans Urs von Balthasar, Ciudad Nueva, Madrid 2002, p. 152.


2 J. Ratzinger, cita en ibídem, p. 182.


3 Concilio Vaticano II, Constitución Lumen Gentium, cap. VIII.


4 Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 963-975, entre otros.


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