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28 marzo 2013

«CRISTO CRUCIFICADO, VÍCTIMA DE REDENCIÓN» | Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia




Cristo crucificado,
víctima de redención

❋❋❋❋
El Misterio trascendente de la fe,
iluminado por los dones 
y frutos del Espíritu Santo, 
nos repleta de esperanza, 
haciéndonos vivir en luz amorosa 
de penetrante sabiduría 
el dogma riquísimo 
de nuestra Santa Madre Iglesia
❋❋❋
Jesús en la falda del monte
❋ ❋
“Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has desamparado...?”
¡Bienvenido sea el Hombre 
al Seno del Padre!


MADRE TRINIDAD DE LA SANTA MADRE IGLESIA
Fundadora de La Obra de la Iglesia

Colección "Luz en la Noche"
Opúsculo nº 11

22 abril 2011

Viernes Santo

"Mirad, el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la Salvación del mundo. Venid a adorarle!

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¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.

¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!

Cantemos la nobleza de esta guerra,
el triunfo de la sangre y del madero;
y un Redentor, que en trance de Cordero,
sacrificado en cruz, salvó la tierra.

Dolido mi Señor por el fracaso
de Adán, que mordió muerte en la manzana,
otro árbol señaló, de flor humana,
que reparase el daño paso a paso.

Y así dijo el Señor: "¡Vuelva la Vida,
y que el Amor redima la condena!"
La gracia está en el fondo de la pena,
y la salud naciendo de la herida.

¡Oh plenitud del tiempo consumado!
Del seno de Dios Padre en que vivía,
ved la Palabra entrando por María
en el misterio mismo del pecado.

¿Quién vio en más estrechez gloria más plena,
y a Dios como el menor de los humanos?
Llorando en el pesebre, pies y manos
le faja una doncella nazarena.

En plenitud de vida y de sendero,
dio el paso hacia la muerte porque Él quiso.
Mirad de par en par el paraíso
abierto por la fuerza de un Cordero.

Vinagre y sed la boca, apenas gime;
y, al golpe de los clavos y la lanza,
un mar de sangre fluye, inunda, avanza
por tierra, mar y cielo, y los redime.

Ablándate, madero, tronco abrupto
de duro corazón y fibra inerte;
doblégate a este peso y esta muerte
que cuelga de tus ramas como un fruto.

Tú, solo entre los árboles, crecido
para tender a Cristo en tu regazo;
tú, el arca que nos salva; tú, el abrazo
de Dios con los verdugos del Ungido.

Al Dios de los designios de la historia,
que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;
al que en la cruz devuelve la esperanza
de toda salvación, honor y gloria. Amén.

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