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11 agosto 2012

"Maria attraversò l'abisso" | Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia




In preghiera con Maria, contemplando il mistero amoroso della sua Assunzione in cielo ne'l corpo ed anima, con il tema "MARIA ATTRAVERSÒ L’ABISSO", scritto da Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia:
"Collana Luce nella notte. Il mistero della fede dato in sapienza amorosa"
Numero 5: "Maria è un portento della grazia" (pag. 65)



15-10-1972

MARIA ATTRAVERSÒ L’ABISSO

“Assumpta est Maria” che sale ai Cieli, trionfante
e gloriosa, con passo sicuro e maestoso. È
bianca la sua anima, senza nulla che le impedisca
di volare verso le Dimore del Regno di Dio.

La Vergine non aveva nessuna tendenza, né
appetizione, né stortezza, né inclinazione che la
attraesse verso la terra. Maria visse come assunta
durante tutto il suo peregrinare, concludendo
la sua Assunzione nell’abbraccio dell’incontro
dell’Infinito.

La Vergine passò per la vita con l’agilità di un
fulmine, senza posarsi sul fango della terra, senza
impolverare nemmeno la sua anima immacolata,
senza sentire in sé le concupiscenze che
sono state conseguenza della rottura del piano
di Dio.

Per questo, arrivando alle frontiere dell’Eternità,
il suo corpo, unito alla sua anima in unione
perfetta di abbraccio indescrivibile, e senza altra
inclinazione che quella dell’anima totalmente
presa, posseduta e saturata da Dio, fu portato da
questa all’Eternità in quel giorno glorioso per la
Signora del termine della sua peregrinazione. La
sua anima attrasse, innalzandolo con sé, il corpo,
e lo fece attraversare l’Abisso inson-dabile
che il peccato aveva aperto tra Dio e l’uo-mo,
senza sentire neppure il più leggero impedimento.

Era così soave l’Assunzione della Vergine, così
sicura, così come divina, che le conseguenze
del peccato che ci procurò la morte non furono
sperimentate da Lei in quel momento glorioso.

Non aveva nulla da lasciare la Signora tutta
Bianca dell’Incarnazione; non c’era alcuna cosa
che la inclinasse verso la terra; non c’era, né nel
suo corpo né nella sua anima, altra appetizione
che una continua ed amorosa ascensione verso
la Luce.



"María cruzó el abismo" | Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia


Recojámonos en oración, con María, contemplando el misterio amoroso de su Asunción a los Cielos en cuerpo y alma, con el tema "MARÍA CRUZÓ EL ABISMO", escrito por la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia:
"Colección Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa"
Opúsculo número 5: "María es un portento de la gracia" (página 55)



15-10-1972

MARÍA CRUZÓ EL ABISMO

“Assumpta est Maria” que sube a los Cielos,
triunfante y gloriosa, con paso seguro y majestuoso.
Es blanca su alma, sin nada que la impida
volar hacia las Mansiones del Reino de Dios.

La Virgen no tenía ninguna tendencia, ni apetencia,
ni torcedura, ni inclinación que la atrajera
hacia la tierra. María vivió como asunta durante
todo su peregrinar, concluyendo su asunción en
el abrazo del encuentro del Infinito.

La Virgen pasó por la vida con la agilidad de
un rayo, sin posarse por el fango de la tierra, sin
empolvar siquiera su alma inmaculada, sin sentir
en sí las concupiscencias que han sido consecuencia
de la rotura del plan de Dios.

Por lo que, al llegar a las fronteras de la
Eternidad, su cuerpo, unido a su alma en unión
perfecta de abrazo indescriptible, y sin más inclinación
que la de ésta totalmente tomada, poseída
y saturada por Dios, fue llevado por ella a
la Eternidad aquel día glorioso para la Señora
del término de su peregrinación. Su alma atrajo,
levantándolo consigo, al cuerpo, y le hizo atravesar
el Abismo insondable que el pecado había
abierto entre Dios y el hombre, sin sentir ni el
más ligero impedimento.

Era tan suave la Asunción de la Virgen, tan
segura, tan como divina, que las consecuencias
del pecado que nos proporcionó la muerte no
fueron experimentadas por Ella en ese momento
glorioso.

No tenía nada que dejar la Señora toda
Blanca de la Encarnación; no había ninguna cosa
que la inclinara a la tierra; no había, ni en su
cuerpo ni en su alma, más apetencia que una
continua y amorosa ascensión hacia la Luz.